LA DESHUMANIZACIÓN

Escrito hace once años:
En aquel tiempo yo no tenía Internet y Sergio Muñoz me publicó este artículo en la desaparecida Web www.mostoalegre.org bajo otro título, referido a Móstoles, pero creo que se puede dar un sentido más amplio.

¿Quien en su tierra, de cualquier lugar que sea, no tiene algún monumento, iglesia, ermita, edificio, casa o restos históricos de los que se siente orgulloso y con ellos vinculado. De los cuales habla con orgullo?.
Existen lugares bulliciosos y deshumanizados que se han formado al socaire de las grandes metrópolis y zonas industriales, nutridas de emigrantes, que transmiten por generaciones, la añoranza de su tierra chica, no llegando a identificarse con la Macro ciudad, o Ciudad dormitorio en la que se reside por necesidad.
Una de las causas de este desarraigo es la falta de símbolos de identidad. Se consigue y se va consiguiendo la integración, con planes culturales de ocio y deporte, pero no plenamente. Faltan las raíces que nos identifiquen y nos den personalidad,monumentos, tradiciones y folclore, asentados en la historia y arqueología.
Es muy lamentable y se da la paradoja, que en las Macro ciudades también existen o pueden existir vestigios de culturas pasadas o animales extinguidos, pero la maquinaria despiadada del desarrollo y la especulación, tapándose los ojos, arrasan con todo, sustituyendo la historia por el asfalto y el hormigón.
He tenido contactos con la Comunidad de Madrid, exponiendo mi opinión de que en Móstoles los yacimientos que tenemos, corren riesgo de desaparecer. En una zona entre Alcorcón y Móstoles en la cual encontré restos. Se me dijo “estas prospectando y es delito”, a los pocos días se comenzó la construcción de la M50, de esta manera ya no se podía prospectar y con ello cometer delito, pues desapareció todo. En la zona denominada de los Rosales, en la expansión del casco urbano de Móstoles, igualmente, encontré vestigios líticos de la edad de bronce, acompañados de restos humanos, y aunque se hizo una excavación, por la Comunidad; para extraer los restos humanos, la cosa no siguió adelante y si no ha desaparecido el yacimiento, estará a punto de desaparecer. He acompañado a técnicos de la Comunidad de Madrid, visitando los posibles yacimientos, algunos paleontológicos, que también tenemos en esta Villa. Pero estoy desilusionado y defraudado principalmente en lo referente a la arqueología, cuya competencia es de dicha Comunidad. La investigación no se activa. Sería eficiente tener un Concejo que realmente se sienta identificado con Móstoles, y que luche por nuestro patrimonio, igual que luchan por el urbanismo desaforado.
Hacer excavaciones en yacimientos históricos o prehistóricos, como es natural, es un delito, ¿Pero arrasar los mismos con planes urbanísticos, como Metro Sur, Los Rosales o zonas del Soto, no es delito? ¿Haciendo oídos sordos, de las voces que denuncian esta atrocidad? Pienso que hay que conciliar el desarrollo con la investigación. Que puede ser engorroso, por exigir un estudio previo, que retrase los planes previstos. En ningún modo el desarrollo desaforado que impulsa nuestro concejo puede arrasar con el legado que a nosotros a llegado, oculto por el devenir del tiempo y que a nuestros dirigentes debe obligar a desarrollar un plan de investigación arqueológica, en armonía con los planes urbanísticos.
Restos históricos con destino lamentable, ha habido varios en Móstoles, un caso del que tengo buena constancia es el de una lápida romana, con inscripción, encontrada por mi, en las cercanías de la colonia Guadarrama, que mostré a un amigo arqueólogo, con miras a propiciar la lucha por que en Móstoles quedara, a los pocos días desapareció, yendo a parar a Alcalá de Henares, de mano de mi buen amigo.
El hallazgo de restos históricos o prehistóricos, puede ser fruto de la erosión, del trabajo de los tractores o cualquier otra causa fortuita. Aunque no se haya hecho excavación alguna, y no sea nuestra intención la posesión ni especulación y únicamente nuestro objetivo sea, que lo hallado forme parte del patrimonio de nuestra ciudad. Pero se presentan graves problemas. Lo más probable es encontrarnos con la pasividad del Municipio y la Comunidad o con alguna sanción impredecible y además la exigencia de depositar y entregar lo hallado, cuando lo natural y deseable sería conciliar la investigación y el estudio, en un afán de complementar los datos que tenemos de la evolución humana, con el derecho de la Villa de Móstoles a no perder su patrimonio.

Antecedentes de los hallazgos Prehistóricos en la Comunidad de Madrid

La existencia del Hombre Primitivo que plasmó su arte en las pinturas de las cuevas y nos dejó su testimonio, en infinidad de instrumentos líticos, fue ignorada y negada hasta hace poco. A las hachas de piedra conocidas como “ceraunias” o “piedras de rayo” se le atribuyeron poderes mágicos, como cosas sobrenaturales. En el siglo XIX comienza la aceptación de esta etapa de la evolución humana, El danés Christian Thomsen, escribió, en 1836 su “Guía de las antigüedades nórdicas”, donde divide por primera vez la prehistoria en tres edades, de “piedra” de “bronce” y de “hierro”. Los términos “paleolítico” y “neolítico” fueron establecidos en 1865 por el británico John Lubbock.
Jacques Boucher de Crèvecoeur de Perthes (1788-1868), al darse cuenta de que los útiles líticos abalaban la existencia del Hombre Primitivo, se esforzó denodadamente, exponiendo sus conclusiones, y consiguió no sin reticencias, que este hecho fuera admitido.
En nuestra comunidad Casiano del Prado (1789-1866) publico en 1864 la “Descripción física y geológica de la provincia de Madrid”. Donde certifica la existencia de yacimientos del hombre primitivo en las terrazas del río Manzanares.
En 1850 visitando San Isidro quedó intrigado por las piedras de sílex tallado que recogían los obreros dedicados a la extracción de grava y arena, en las canteras allí existentes y por su rareza pedió que se las guardasen. Esta rareza venia dada por el hecho de que no estaban rodadas y tenían aristas cortantes, cosa, que él creía inexplicable, si como el resto de la grava habían sido transportada por los agentes naturales, desde la sierra, y para más inri en esta sierra no existía el pedernal.

Hasta comprender y admitir que una mano inteligente había trabajado aquellos sílex, buscó una explicación natural a su formación.
El día 30 de abril de 1862 acompañado de dos científicos franceses, M. de Verneuil y M. L. Lartet se dirigió a visitar las canteras de San Isidro y llegados allí, uno de los franceses, pregunto al encargado “si había salido alguna piedra particular”, les contesto, mostrándoles una y diciendo, para asombro de ellos, “que a pesar de la profundidad a que apareció, parecía como si intencionadamente le hubieran sacado trozos”. Por este motivo se entablo una discusión entre Prado y Verneuil por un lado, que negaban el origen Humano del hallazgo y el obrero y Lartet por otro que intuyeron el verdadero significado de la piedra.

Finalmente todos quedaron convencidos de la intervención humana en aquellas piedras y se las considero como industria lítica del hombre fósil. Los franceses lo dieron a conocer al mundo a través del Boletín de la Sociedad Geológica de Francia y Casiano del Prado lo expuso en su obra de la Geología de Madrid.
Madrid era un hervidero de graveras y tejares en explotación en el siglo XIX, fue en las terrazas del Manzanares principalmente, donde en estratos cuaternarios se encontraron multitud de yacimientos de diferentes etapas de la evolución humana, también las trincheras del ferrocarril exploradas por aquellos pioneros aportaron material interesante. Hasta 1817 solo se conocía en Madrid el yacimiento de San Isidro, incorporándose en 1818, Las Carolinas y Las Delicias. Se localizaron posteriormente yacimientos en: arroyo Meaques, cantera de D. Domingo Portero, tejar de D. Joaquín, tejar de los Bartolos, huerto de D. Andrés, Arenero de plaza de Bonifa, tejar y arenero del Portazgo, valle del Abroñigal, Quitapenas, pozos de Feito, trincheras del ferrocarril Madrid-Zaragoza, canteras de Vallecas, arroyo Culebro, el Almendro etc. etc.. Que han proporcionado vestigios de culturas Chelense, Achelense, Musteriense, Magdaleniense y útiles eneolíticos y neolíticos. Las divisiones anteriormente citadas del paleolítico, junto con el Solutrense, fueron establecidas estudiando las estaciones francesas por Gabriel de Mortillet. Pretender una correspondencia entre diferentes regiones, en todo o en parte, es imposible. Por ello se han acuñado denominaciones especificas en cada zona, conservando, si procede en algún caso, la nomenclatura maestra, de la división original para las etapas de evidente interrelación. Uno de los investigadores que estudió San Isidro hacia 1870, fue, el geólogo Juan de Vilanova y Piera, catedrático de la universidad central y del ateneo de Madrid, Escribió Vilanova numerosos artículos, sobre geología y prehistoria en diversas publicaciones y anales, un compendio de geología, una historia natural y hasta un gran atlas mundial. En la década de 1880, frente al escepticismo de muchos investigadores, apoyó a Marcelino Sautuola en la reivindicación de la autenticidad de las pinturas rupestres de Altamira, muriendo en 1893 sin conocer, la admisión por la comunidad científica de dichas pinturas como arte paleolítico.
Visitaron y estudiaron posteriormente los yacimientos madrileños numerosos investigadores españoles y extranjeros, tales como, E. Cartailhac, Daniel de Cortazar, Hugo Obermaier, Paul Wernert, José Pérez de Barradas Álvarez de Eulate, etc...
Pérez de Barradas (1887-1980) dedicó parte de su vida al estudio de los yacimientos del Manzanares, (1918-1936). Hace critica de anteriores investigadores, entre otros de Vilanova y Piera, que según él no actuó con rigor y permitió el que desapareciera material del yacimiento de San Isidro.


En 1886 Pérez de Barradas y E. de Cartailhac, dijeron “no se ha hecho un estudio serio en San Isidro” y en 1889 M. Cazurro y L. de Hoyos comentaron de dicho yacimiento, “acudiendo con frecuencia a esta localidad, fácil es adquirir, por poco precio, de los obreros, gran número de ejemplares interesantes que permitirían hacer un detenido estudio de esta estación, estudio que el señor Cartailhac lamenta no esté ya hecho”. Igualmente E. Cartailhac en 1912 se lamenta de la exploración poco sistemática que del cerro de San Isidro se había hacho; que por aquel tiempo casi había desaparecido.
Pérez de Barradas relata que M. Cazurro y L. de Hoyos encontraron un hacha de 23 cm. en San Isidro que era la mayor encontrada hasta 1889. Él calcula que hacia 1980 que en un año los yacimientos madrileños habían proporcionado unas “25000 piedras, labradas por el hombre primitivo” Comenta que “no habían aparecido restos esqueléticos en el terreno cuaternario del Manzanares”, pero no pierde la esperanza de que se encuentren algún día.
En “Introducción al estudio de la prehistoria madrileña” de la “Revista de la Biblioteca Archivo y Museo” de 1924, del ayuntamiento de Madrid, hace una descripción de los diferentes útiles y del posible uso que se les dio. Los distribuye en: Núcleos, lascas de desbastamiento, lascas Levallois, hachas, puntas tenuifoliadas, puntas, perforadores, buriles, cuchillos, lascas con muescas, hojas, raederas, raspadores y cepillos.
Junto a sus maestros y colaboradores, Hugo Obermaier y Paul Wernert y apoyado por la Junta Superior de Excavaciones y Antigüedades, estudiaron y coleccionaron material paleolítico del valle del Manzanares.
Dice Barradas, que en algunas ocasiones recogieron útiles en las gravas ya movidas del lugar de origen y hasta en los empedrados de las calles, sin embargo en su libro del Cuaternario del Valle del Manzanares de 1924 se contradice diciendo, que despreciaron los materiales de los que no conocían su lugar exacto de procedencia.
Las criticas también le pueden afectar, por ejemplo en la pagina 98 del citado libro, dice, que “los útiles de cuarcita pudieron ser producto del intercambio o comercio, puesto que en la sierra no hay manchones silúridos”. Parece referirse a la ausencia de los estratos de cuarcitas armoricanas, mucho mas antiguas, del cambrico y el ordovícico. Estoy de acuerdo con él, que los cantos rodados, de cuarcita, indican que han tenido que existir dichos estratos.
También parece querer descartar el trabajo del hielo en las formaciones pliocenas del valle del manzanares, pero existen algún episodio, de otra manera inexplicable, como entre Móstoles y Arroyomolinos, en la cuenca del Guadarrama, en el camino de Tirabuey, hay un estrato de aproximadamente 1,5 m. de potencia, formado por trozos de granito, algunos de los cuales alcanzan cerca de 1 m. de longitud, cuyo arrastre desde la sierra, no parece pueda atribuirse solamente a las aguas, mi opinión es que fueron arrastrados por el hielo.

Es curioso citar que en su exposición de los depósitos eólicos del cuaternario del valle del manzanares en 1924, hace referencia a la cueva de Atapuerca, para criticar, como J. Carballo, dijo haber encontrado, en el interior, cerámica neolítica en depósitos de loess.
No es mi intención criticar a nadie, ni tengo capacidad para ello, pero soy amante y apasionado de estos temas y expongom hechos de estas ilustres personas, a las que admiro, con intención de sacarlas del olvido.

En estos momentos que leo las explicaciones que se dan en la formación de la cuenca terciaria y cuaternaria de Madrid, quiero aportar mi idea de algunas fuerzas que existen y existieron, que contribuyeron y siguen contribuyendo en el resultado final, que ahora vemos. La masa montañosa del sistema central que tuvo que ser muchísimo mayor al principio del terciario, fue erosionada por grandes pluviosidades y arrastrada hacia la Cuenca de Madrid, que en particular esta rodeada por la Sierrra de Gaudarrama, Somosierra, Cordillera Iberica, Sierra Altomira y Mtes. de Toledo, en la provincia de Madrid, que nos atañe, se fue produciendo un paulatino hundimiento de dicha región por el peso acumulativo del arrastre fluvial, posterior y simultáneamente, se formaron cuencas de ríos, estas grandes cuencas fluviales también sufrieron la erosión, erosión que hacia disminuir el peso de la meseta y por ello, se elevaba el terreno, al elevarse el terreno continuaba la erosión, haciendo las cuencas fluviales más profundas. Como esta erosión de las cuencas, afectaba de manera desigual a la región. Se desequilibraba el peso de la meseta, lo que producía un buzamiento, esta es una de las cusas de encontrar estratos inclinados, donde originalmente eran horizontales. Dejo claro, que hablo en líneas generales de las fuerzas que han intervenido en diferentes épocas, de sedimentación y erosión.
Puestos a elucubrar, voy a exponer otra teoría de las varias que a lo largo de esta exposición veremos. El trabajo de las piedras por los más primitivos homínidos es algo que me ha ocupado, si intentamos encontrar una explicación a tan compleja labor, hemos de admitir un coeficiente intelectual elevado en nuestros parientes. Los más primitivos de ellos, probablemente, se las ingeniaron en su industria con herramientas muy sencillas como punzones de piedra, de madera o de hueso y algún percutor, de diversos materiales. La gran variedad de útiles, que ya hemos visto en la relación de Pérez de Barradas, se obtenían por percusión sobre un núcleo de sílex o material sustitutivo, en algunos casos, los útiles, se terminaban con toques primarios únicamente. Pero los más complejos de estos, tenían pequeños y delicados retoques en sus filos y en los toques primarios, que los hacían más eficientes.
El trabajo directo sobre las manos tenía que ser complicado y peligroso para el instrumento, que podía romperse fácilmente.
Colocando la pieza asentada sobre una plasta de arcilla blanda, una vez seca esta, la fuerza de los golpes dirigidos con un puntero, se repartiría por la masa de sílex y arcilla siendo más difícil las roturas no deseadas. Para los retoques finísimos que en algunas piezas vemos, pudieron emplearse punteros de cristales de cuarzo. Este avance complejo, ayudado por la utilización del fuego, calentando las piedras, pudo darse simultanea e independientemente en diferentes poblaciones del hombre primitivo con alguna o poca interrelación. El utilizar el fuego para secar la arcilla conduce al descubrimiento de la cerámica. Lo anteriormente expresado se refiere a una etapa muy primitiva de la evolución humana. Posteriormente, el Neandertal y el Cro-Magnon ya tuvieron capacidad suficiente para fabricar y emplear una máquina o artilugio basado en la palanca, para obtener mejores resultados en el trabajo de la piedra, como en la figura inferior.
En esencia esta máquina es una palanca, con una punta de ataque de madera dura, hueso, pedernal o cuarzo, el punto de apoyo pudo ser un eje de madera, que une la palanca a un pie fijo para facilitar su movimiento.
Todas las actividades humanas han de tener una explicación por que hacer puntas de flecha de sílex, con el trabajo que conlleva, ¿no seria menos costoso aguzar las flechas de madera? La respuesta es, "el trabajo se rentabiliza, por el mayor poder de penetración de la flecha con punta de sílex".
Si tenemos una misma persona y un mismo arco y dos flechas con el mismo peso, una de madera uniforme y aguzada, y otra con punta de pedernal, puesto que el pedernal tiene 2,6 de densidad y la madera menos de 1, la flecha de pedernal tiene mas poder de penetración, ya que la masa se concentra en la punta.
Volviendo a insistir sobre la prospección. Practica prohibida, no siendo bajo los auspicios de la institución que tenga conferidos los temas arqueológicos. Me pregunto bajo que criterios se ha conferido este poder. ¿La investigación?, ¿el legado histórico y patrimonial? ¿Acaso vemos que el expolio y la dejación están bajo control, se cumplen las normas en los lugares reconocidos como asentamientos del hombre primitivo. Se protegen los lugares donde han aparecido restos?
Siguiendo con la investigación y análisis del trabajo de la piedra. Apreciamos en estos útiles, la intencionalidad dirigida por una mente inteligente. La intencionalidad, es un indicativo, para distinguir entre una forma casual o una elaborada por la mano del hombre.

En los instrumentos líticos se observa que los tajos de un lado, se encuentran en alternancia con los del lado contrario, consiguiendo con ello una “traba”. La traba es imprescindible un las herramientas dentadas, de corte, modernas.
(Terminaremos la exposición histórica de la búsqueda del hombre fósil en la provincia de Madrid mostrando en la Fig. 10 una de las muchas láminas que contiene el “Cuaternario de Madrid” de Pérez de Barradas de 1926).
Una de las cosas que sin duda condicionaron el desarrollo de la industria lítica, fue la ubicación da la materia prima, sílex, cuarcita, granito etc... En ciertas zonas en que no había yacimientos de sílex, como en Móstoles, hubo que economizar esta materia al máximo, empleando en lo posible materiales alternativos, como el, cuarzo, granito, la cuarcita y en algún caso el basalto (lidita).

En aquellas épocas prehistóricas desplazarse a buscar el sílex a una distancia, para el caso de Móstoles de 50 Km. o más, sin animales para el acarreo, era una aventura que podía costar la vida. (En 1871, cuando Stanley con un gran equipo, se dirigió, al lago Tanganica, en África, en busca de Livingstone, recorría unos 4 ó 5 Kms. diarios), miembros de un asentamiento primitivo se designarían a tan peligroso viaje, el resto tendría que continuar con la caza y recolección de vegetales, necesarios para la supervivencia, por ello sería lógico que hubiera grupos destinados al comercio del preciado elemento, cambiando por comida, ropas etc..
En el mundo animal el seguimiento de los rastros es una especialidad de los predadores. Fue una especialidad del hombre primitivo, que perdura en tribus actuales y en el cazador moderno.
La lógica nos conduce a pensar que en el paleolítico y posteriores culturas una de las formas de pervivencia era la caza de unos grupos por otros. Técnica en la que existirían especialistas. Seguro que existieron rastreadores, que localizaban los asentamientos por los restos o rastros que forzosamente dejan los individuos, palos, trozos de piel, esquirlas, pisadas, restos de cualquier clase. El ser localizados, era el fin del clan. Los grupos evolucionaban también y una de sus prioridades era no dejar rastros y hacer desaparecer cualquier indicio. Además surgió el contraataque aprovechando los despojos para dejar pistas falsas y tender emboscadas.
Por ello los residuos de comida, piedras quemadas, fragmentos de cerámica, lascas, cenizas, etc., que podían ser utilizados en producir pistas falsas, había que esconderlos y protegerlos, para que pudieran ser usados de la forma y momento adecuados. Según mi opinión aquí radica el enigma, de “los fondos de cabaña”
.
Esta conclusión no me llego de repente, después de analizar las opiniones de otros, como por ejemplo en “Estudios de Prehistoria y Arqueología Madrileñas”, 1982, en el artículo, “
Un Nuevo Yacimiento de la Edad del Bronce en Madrid” Págs. 121 a 127 de María Concepción Blasco Bosqued, viendo que no encontraba ninguna utilidad atribuible a los “fondos de cabaña”, como:

“hoyos de incineración”, “basureros”, “silos”, “fuegos” o “fondo de cabaña” impropiamente dicho, satisfacen los estudios que de ellos se ha hecho. Estas utilidades inapropiadas me condujo a la cvonclusión de que se utilizaron los fondos para quitar de en medio restos y rastros que pudieran insinuar la presencia de un asentamiento o actividad. Pero esto tiene un fallo, pues por mucho que se ocultaran los desperdicios, las “personas” y la posible cabaña o cabañas seguían siendo visibles, por ello la tecnica del engaño, conducia a asentamientos trampa. El que se encuentren en los “fondos de cabaña” los restos poco cuidados y hasta erosionados, pertenece a la misma técnica del engaño, cuidarlos bien hubiera costado poco, pero iría en contra de lo natural ya que los restos al exterior se deterioran.
Los Yacimientos paleolíticos de Móstoles en su mayoría, según mi opinión se encuentran en la orillas del arroyo del Soto, siendo mayor la abundancia cerca del río Guadarrama, estando muy deteriorados u ocultos por urbanizaciones.
En la orilla izquierda del arroyo del Soto aun pueden quedar algunos vestigios, a pesar de, contener los yacimientos de fósiles terciarios casi superficialmente y de que la colonia del parque Coimbra ha podido destruir muchos de ellos. Es probable que quede algún vestigio aislado, entre la dicha colonia y el parque del Soto, y hasta dentro del mismo parque, parte del cual esta recpgido de la Carta Arqueológica de la Comunidad de Madrid.
Por suerte queda la orilla derecha del Soto con bastantes restos, principalmente antes de llegar a la urbanización parque Guadarrama, en el distrito 26, en las zonas de la Vega y Solana. En esta orilla ha habido asentamientos desde el paleolítico, con culturas, neolíticas, romanas (lapida con inscripción en latín, encontrada por mi y que se encuentra en Alcalá de Henares) y visigodas (una iglesia documentada y desaparecida de San Marcos y otra que se encontraría justamente antes de la colonia Guadarrama, que se puede certificar con el estudio del yacimiento que allí existe).

No es una casualidad que en los lugares donde se encuentran yacimientos del hombre primitivo se hayan asentado, villas, ciudades, castillos o monasterios, se achaca muchas veces esta coincidencia a lugares energéticos o esotéricos, creo que la coincidencia es más bien práctica, en estos lugares se encontraba concentrada gran cantidad de pedernales que fueron reutilizados para la cimentación de los edificios.
Por este motivo entre los restos que aun perduran de la ermita de San Marcos y de la otra, de nombre desconocido, a parte de lascas que se produjeron con la única intención de que sirviesen para calzar las grandes piedras de culturas históricas, se encuentran útiles líticos de culturas primitivas. Estoy seguro que en estas zonas en que las piedras brillan por su ausencia, para la construcción de estos primeros edificios de nuestra cultura, algunas personas y hasta los niños se encargaron de recoger todas las piedras de los alrededores, cercanos y aun lejanos. No es extraño que en este acarreo se incluyesen herramientas de la edad de la piedra, cosa que igualmente sucedía con el empedrado de caminos y calles. Frente a San Marcos en un camino que conduce de Casa Peñaca a Pajarillas vi un bifaz paleolítico, erosionado y como calcinado.
En el suave declive que desciende hasta la Vega por la derecha del Soto desde San Marcos hasta la colonia Guadarrama aflora por varios puntos, testigo de lo que pudo ser un estrato continuo, cascajos mezclados con la grauvaca, en este estrato y alrededores se detecta superficialmente abundancia de útiles líticos, esta formación que inicialmente pudo ser terciaria (ya que no lejos de allí en una parecida y a un nivel superior se encuentran los yacimientos de fósiles miocenicos), ha tenido que ser formado en el pleistoceno, bajo este y bajo las tierras de labor, que se encuentran en las zonas bajas, según he podido ver este año de 2003, a través de las grandes regueras que ha formado la erosión, favorecida por la mucha lluvia, corre un estrato de arcilla, y arena arcillosa verdes y pardas, probablemente hubo grandes lagos.

Todas estas hipótesis están sin confirmar y son fruto de exploración superficial, también puede suceder que los estratos con útiles, continúen por el norte donde la cuenca del Soto se eleva.
Los estratos del Mioceno con fósiles, de la orilla izquierda, concuerdan con los de la derecha como si en aquel periodo el arroyo del Soto no existiera. Además estos estratos parecen tener un buzamiento en sentido contrario del que tiene la cuenca del arroyo actual, indicando que el Guadarrama o la mayor depresión se encontrarían hacia la zona de Alcorcón.
Durante la construcción de la vía del ferrocarril que iba a Almorox se destruyeron parte de estas terrazas, con perdida en los yacimientos, ya que el ferrocarril recorría toda la Vega, y ciertamente un apartadero del dicho ferrocarril pasa por el medio de un yacimiento. Este mismo trazado del ferrocarril hizo desaparecer parte del antiguo camino que recorría el arroyo del Soto por la margen derecha, teniendo que hacerse un nuevo camino, que algo ha cortado también las terrazas. A pesar del ferrocarril y de la carretera, que han aportado cantos de cuarcita recientes, la contaminación de este terreno, con materiales engañosos, milagrosamente es muy pequeña.
Entre la línea de alta tensión y el apartadero se encuentran varios yacimientos. Antes del linde de esta tierra y junto al mismo lindero, por el lado de Móstoles se encuentra gran cantidad de guijarros entre los cuales vi un hacha de sílex de 14 cm., la cual tenía una de sus caras bastante plana, y junto con la otra más retocada dan a la pieza forma de lancha. Pasando el linde hacia la colonia Guadarrama, como a 7 m. del linde y en la concentración del guijarro que vuelve a aparecer vi un bifaz de cuarcita con manchas rojas de 10,5 cm.
José Martín Roldán