LOS ÓRGANOS DE MÓSTOLES

FRAGMENTO DE CUENTOS POPULARES

POR ANTONIO DE TRUEBA 1866

La moral de este cuento es que léjos de ser cierto aquel latinajo vox populi, vox Dei, el pueblo es un bobalicon que comulga con ruedas de molino y de una pulga levanta una mula. Vean ustedes si en los cuentos cabe moral, á pesar de que dice uno de los héroes de Fernan Caballero que son reideros y nada mas. ¡Reideros! porque lo fuera este daria yo toda la moral que contiene.
Pero dejémonos de paja, y al grano, al grano, que la paja tal vez la quiera Alvar el del portillo de Gilimon.
Erase por el tiempo de no sé qué rey, y á la sazon estaban en todo su auge los órganos de Móstoles.
Digamos ántes de todo lo que eran estos celebérrimos órganos.
En Móstoles, villa situada tres leguas al poniente de Madrid, había un cosechero de vino que ganaba el oro y el moro con la venta al pormenor del rico producto de sus viñedos, que ocupaban todo el terreno, de una legua, que se extiende entre Móstoles y el rio Guadarrama.
La plaza de Móstoles declina de poniente á oriente, y nuestro cosechero tenia en la manzana de la parte alta su bodega, y en la manzana de la parte baja el despacho de vino.
Este despacho consistía en un gran salon lleno de bancos y mesas, y el vino de la bodega se trasladaba á él por una serie de tubos, que pasaban por debajo de la plaza y remataban en el despacho, semejando la tubería de un órgano.
Los precios y las calidades de los vinos eran tantos cuantos tubos tenia el órgano, de lo cual se colige que, aunque el órgano no fuese de catedral, los bebedores tenían una viña con tener tanto en que escoger. Así era que, particularmente los-días festivos, el. camino de Madrid á Móstoles era una romería.
Les qac.yeaian eran el mas triste ejemplo de la degradación á que puede llevar el vino á la humanidad; pero los que iban, á pesar de que veían y aun olían este triste ejemplo, no se volvían atras.
En vista de esta prueba histórica de la inutilidad del ejemplo, ¡quién demonios se rompe los cascos por engalanar sus cuentos con ejemplos ni moralejas!
La historia de los órganos de Móstoles consigna, sin embargo, una cosa muy consoladora para los que ansiamos tener fe en la bondad de la humanidad. Una legua ántes de llegar á Móstoles está el pueblecillo de Alcorcon, cuya existencia, segun la tradicion y la etimología, se remonta á los tiempos de la dominacion mahometana. Habia en Alcorcon un pobre alfarero que solo sacaba de su industria lo que le valia una carga de pucheros que vendia cada semana en Madrid, y aquel hombre, que conservaba buen sentido á pesar de vivir una legua de los órganos de Móstoles, dijo un dia para su coleto (creo que eran coletos los que entónces se gastaban):
— Un dia con otro pasarán por aquí doscientos hombres en peregrinacion á la ermita del dios Baco. Por lo corto, siempre ha de haber entre ellos veinticinco que abriguen en su pecho el santo amor á la familia, y si yo pongo á la orilla del camino un puesto de jarras y pucheros, venderé al dia veinticinco pucheros ó jarras que me comprarán para llevar un trinquis á su familia. Probemos, pues, que me voy á poner las botas.
En efecto, se puso las botas el alfarero, pues vendia tantos pucheros y jarras como sacaba á la venta, en vista de lo cual todos sus vecinos se metieron á alfareros; y de aquí viene el haber dado á Alcorcon la alfarería tanta fama como á su vecino Móstoles los órganos.
Es, pues, altamente consoladora y honrosa para la humanidad la deduccion que de esto se saca; el amor á la familia está tan agarrado al hombre, que, por mas que el hombre haga eses y se le doblen las piernas y no pueda con su alma, ese santo y sublime amor no se le cae.
El cosechero de Móstoles se hizo un dia la siguiente reflexion, muy triste para la humanidad madrileña:
— Los madrileños que no vienen á soplar en mis órganos, no vienen porque están seguros de que si vinieran, soplarían tanto, tanto, que no podrían volver á casa por su pié, siendo el camino tan largo. Acortemos el camino y habremos vencido esta dificultad. Y ¿cómo le acortamos? Muy fácilmente: poniendo una sucursal de mi bodega en el puente de Segovia, "adonde acudirán todos los que no se atreven á venir á Móstoles. Los que vienen seguirán viniendo por la sencilla razon de que en Móstoles no hay rio y en el puente de Segovia sí.
En efecto, el cosechero puso (no digo que organizó, porque la sucursal no tenia órganos) una sucursal en el puente de Segovia, y empezó á acudir á ella un gentío inmenso, á pesar de que por allí pasaba el rio.'
Repito, pues, que el vino no se trasladaba al despacho del puente de Segovia por medio de tubos como al despacho de Móstoles, sino por medio de cubas, que, segun se iban desocupando, iba el encargado de la sucursal amontonando en una praderita que mediaba entre la sucursal y el rio.
Los parroquianos decian que desde que se estableció la sucursal un poco mas abajo del puente de Segovia, el rio llevaba ménos agua (que) por el puente de Segovia (que) por el puente de Toledo; pero eh !¿quién hace caso de borrachos?